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SERINUS

04/22/2020

SERINUS

El Canario

Puede que lo más conocido en todo el mundo sobre las Islas Canarias sea esta especie de pájaro autóctono de las islas; y es que el canario (Serinus canaria) es el ave de compañía más popular del mundo. ¿cómo ha podido, un pequeño pájaro, nativo de las Islas Canarias, alcanzar una difusión mundial...

El canario.

Puede que lo más conocido en todo el mundo sobre las Islas Canarias sea esta especie de pájaro autóctono de las islas; y es que el canario (Serinus canaria) es el ave de compañía más popular del mundo. ¿cómo ha podido, un pequeño pájaro, nativo de las Islas Canarias, alcanzar una difusión mundial, contar con clubes de criadores en todos los continentes y desarrollar individuos que presentan las más variadas tonalidades y formas?, para responder a estas preguntas, vamos a empezar por el principio.

Todo comenzó en el siglo XV, cuando los europeos (normandos) pusieron pie en las Islas Afortunadas. Vieron con asombro que los aborígenes insulares (de los que hablaremos próximamente) guardaban canarios en pequeñas jaulas para deleitarse con su canto. Fue el líder de la primera conquista del archipiélago canario, Juan de Bethencourt, quien trasladó los primeros ejemplares de avecillas al continente, como obsequio a Juan II, padre de Isabel la Católica y a la reina de Baviera. Los obsequios estimularon la afición por estos pájaros que se hicieron muy populares en las cortes europeas. Por lo tanto, este pequeño pájaro, pasó de cantar para los guanches o aborígenes canarios a cantar para los reyes y burgueses europeos extendiéndose la cría del canario por todo el continente.

Esto es posible gracias a varios factores, los canarios resultaron ser fáciles de adaptar a un espacio reducido como una jaula, no migran (otras aves se estampaban literalmente contra los barrotes de las jaulas para iniciar el vuelo migratorio cuando llegaba el momento del año en el que emprendían el vuelo en la naturaleza), comen granos mucho más fáciles de encontrar que los insectos, imprescindibles para otras especies, y se reproducen fácilmente en cautividad.

La creciente demanda dio el pistoletazo de salida para la caza de los canarios. Los comerciantes castellanos sólo vendían ejemplares macho, con el fin de conservar el monopolio de esta valiosa ave cantora; sin embargo, poco a poco, algunas hembras fueron llegando al continente y fue en Alemania donde se inició la cría en cautividad y donde ésta alcanzó proporciones de auténtica industria siendo el principal motor económico para comarcas enteras.

Los criadores del siglo XVI comenzaron a realizar los más diversos cruces entre canarios y con otras aves de especies próximas como el verdecillo (Serinus serinus), motivados por mejorar la calidad del canto de los canarios así como encontrar nuevos colores en su plumaje, los criadores comienzan una carrera por obtener el canario con la mejor melodía o el plumaje más exótico. El primer éxito notable de esta selección genética, fue el primer canario de color completamente amarillo (sin restos de melanina en el plumaje) que vio la luz en la corte de Inglaterra, incluso algunos prefirieron desarrollar variedades con un plumaje llamativo. Otros criadores preferían centrar sus esfuerzos en mejorar el canto de las aves pues no hay que olvidar que es el canto de los canarios lo que les ha llevado a alcanzar su difusión mundial, pero tampoco hay que olvidar que este recurso es clave para su éxito en la naturaleza. Las hembras construyen antes el nido y tienen puestas más numerosas si el macho tiene un amplio repertorio de registros musicales.

El canto de estas aves está determinado por otros dos factores aparte del genético, que son aprendizaje y exposición a la luz. Los criadores mantenían a los polluelos de estas aves en habitaciones cerradas para que no percibieran ningún sonido excepto el de algunas melodías bien de otras aves, como por ejemplo ruiseñores, bien composiciones musicales para que desarrollaran unos tonos vocales determinados. Finalmente, muchos se mantenían a oscuras excepto unos pocos minutos al día que eran los que aprovechaban los pajarillos para cantar. Este era un recurso muy frecuentemente utilizado para que las aves cantasen en los concursos, de modo que al destapar la jaula y ver el canario la luz, éste comenzaba a trinar delante de los jueces.

Otros criadores; incluso cegaban a las aves con hierros al rojo con el fin de que no se distrajeran y concentrasen toda su energía y atención en el canto. Esta cruel práctica fue considerada ilegal en Bélgica en 1921.

Era una creencia muy extendida en la Europa de aquella época que estas aves tenían facultades curativas, especialmente para los niños. El propio Darwin creía –tal vez fruto de la desesperación por el delicado estado de salud de su hija Annie- que regalarle un canario amarillo podría hacer que mejorase. Lamentablemente, ambos, canario y niña, murieron poco después. Darwin nunca se recuperó y nunca dedicó estudios en profundidad a los canarios como sí lo hizo con las palomas.

La fiebre por los colores del canario desató una auténtica locura de cruces entre animales de distintos criadores que dieron lugar a la aparición de numerosos colores, llegándose a modificar la tonalidad que podía obtenerse añadiendo a la alimentación de aves amarillas con pimientos rojos o zanahorias, apareciendo así aves anaranjadas, y rojas. Estos cruces llegaron incluso a producir organismos genéticamente modificados: Fue Hans Duncker, ornitólogo y genetista alemán quien cruzó canarios con cardenalitos de Venezuela (Spinus cucullata). Mediante estos cruces lo que estaba haciendo era insertar los genes no sólo de una especie sino de un género distinto (el cardenalito) en el canario, desarrollando así el primer animal genéticamente modificado de la historia.

Así pues, un humilde pajarillo que entusiasmaba a los nativos de las Islas Canarias alcanzó difusión y fama global, fue el pionero de la modificación genética, sirvió de distracción a las coronas más sobresalientes de Europa y se convirtió en el ave de compañía preferida del mundo.

Dios hubiera dicho