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Clases de conversación

Palabras, conocimiento y pensamiento.

05/25/2020

Palabras, conocimiento y pensamiento.

Palabras, conocimiento y pensamiento.
Parece que tenemos claro que la lengua es una herramienta de comunicación, pero ¿es solo eso? Pensemos que en la base de esta comunicación se encuentra el vocabulario, y el léxico es un medio fundamental de conocimiento y de desarrollo del pensamiento. ¿Qué relación hay entre lenguaje y el pensamiento?

Helen Keller decía que: “Todo objeto tenía nombre, y todo nombre evocaba un nuevo pensamiento” y Aichinson afirma: “Aunque es obvio que el pensamiento es posible sin lenguaje, da la impresión de que las personas normalmente piensan en su propia lengua, es decir, los pensamientos de cada individuo parecen estar “enraizados” en palabras y en categorías gramaticales. [...] Si tuviéramos que decir qué es lo primero, el lenguaje o el pensamiento, estaremos más próximos al poeta Shelley cuando dice “Les dio la palabra a los hombres, y la palabra creó pensamiento”, que al lexicógrafo Samuel Johnson, que sostenía que “el lenguaje es el ropaje del pensamiento”.
Lo que sí está claro es que el léxico abarca todas las dimensiones de la realidad humana. Gracias a las palabras, podemos nombrar las cosas que conforman nuestro mundo, y no únicamente el mundo físico y tangible, también el abstracto e intangible. A través del nombramiento, señalamos la cosa nombrada y, por tanto, mostramos que la reconocemos, que la distinguimos del resto de las realidades. Por este motivo, el vocabulario puede ser considerado como estructurador del pensamiento y del conocimiento.
En esta dirección encuentran sentido las siguientes palabras de Pedro Salinas:
Pensemos primero en lo que el lenguaje representa para el individuo solo, para el ser humano, en sí mismo, antes de atender a lo que significa para ese mismo hombre en sus actos de relación con sus semejantes. Por tener el lenguaje misión primordialmente comunicativa, y servir de enlace entre persona y persona, solemos fijarnos únicamente en éste su valor social. ¿Pero no es, antes, algo más que eso? Imaginémonos un niño chico, en un jardín. Hace muy poco que aprendió a andar: le llama la atención una rosa en lo alto de un tallo, llega delante de ella y, mirándola con los ojillos nuevos, que se le encienden de alegría, dice: "¡Flor, flor!". Nada más que eso. ¿A quién se lo dice? Pronuncia una palabra sin mirar a nadie, como si estuviera solo con la flor misma. Se lo dice a la rosa. Y a sí mismo. El modular esa sílaba es para él, para su ternura, una gran hazaña. Y ese vocablo, ese leve sonido, flor, es en realidad un acto de reconocimiento, indicador de que el alma incipiente del infante ha aprendido a distinguir de entre las numerosas formas que el jardín le ofrece, una, la forma de la flor. Y desde entonces, cada vez que aperciba la dalia o el clavel, la rosa misma, repetirá con aire triunfal su clave recién adquirida. Significa mucho: "Os conozco, sé que sois flores" El niño asienta su conocer en esa palabra.
Sigamos descubriendo el mundo y cómo nombrarlo, ampliemos nuestra capacidad de observación y, por tanto, de conocimiento y pensamiento.

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