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Lo que aprendí con mi escarabajo

07/01/2020

Lo que aprendí con mi escarabajo

Lo que aprendí con mi escarabajo.
Tengo un coche antiguo, no es por lujo, no es de colección, es una bella circunstancia.  
Mi primer coche fue un 2007 que conseguí comprar 0 kilómetro, era simple, pero atendía a mis necesidades. Con él hice la proeza de ir desde São Paulo hasta Concepción, en Chile y al volver, pasar nuevamente por Argentina, parar unos días en Buenos Aires y atravesar Uruguay para llegar a Brasil.

Por muchas razones vendí ese coche y decidí cumplir mi sueño, que era tener un escarabajo de la Volkswagen, el llamado Vocho. Escuché muchas cosas: Que no me iba a acostumbrar, que no me iba a gustar, que me iba a dar mucho trabajo pues se echaba a perder con facilidad…como soy porfiado y empirista, me compre mi Fusca (así se dice en portugués) 1973. Sí, mi coche es dos años más viejo que yo.
Confieso que no sabía nada sobre este modelo de automóvil, nunca entendí nada de mecánica y mucho menos de éste que funciona con un carburador y un motor que se refrigera con aire; el motor es atrás y su tracción es trasera, por lo que es, prácticamente,  un todo terreno;  el maletero es adelante, además de tener un espacio detrás de los bancos para colocar objetos (en portugués se le llama chiquerinho, que es el lugar donde viven puercos o sinónimo de algo sucio y desordenado)
Pero bueno, qué me enseñó mi coche (y continúa enseñándome) :  Una de las lecciones que aprendí con él es que cada uno tiene su ritmo, que hay que respetar las individualidades. Mi coche no anda a 100 K/h, él va a 40 o a 60 como máximo, ese es su paso, esa es su marcha, no puedo tener prisa, tengo que salir antes para llegar a los lugares, tengo que andar siempre en la pista de la derecha y aguantar a los desesperados que quieren adelantarme. Mi escarabajo es un sinónimo de paciencia.
Después de mi escarabajo todo cambió en la sala de clases, pues como profesor empecé a ver que delante de mí había una Ferrari último modelo, había un todo terreno, había un camión, un coche más simple y siempre uno o dos Vochos que no eran ni mejores ni peores, simplemente diferentes. No saco nada en querer que todos anden a la misma velocidad, ni con la misma potencia y de hecho, no puedo EVALUARLOS de la misma forma.
A cada día más me rindo delante de la genialidad de este automóvil. Aquí en Brasil se dice que para arreglarlo solamente es necesario un pedazo de alambre y un alicate (y un poco de conocimiento, claro está)
Actualmente, una de las actividades que desarrollamos aquí en Bragança Paulista, una ciudad de 180 mil habitantes que queda a 100 kilómetros de São Paulo, es trabajar con reciclaje. Enseñamos y ayudamos a que las personas entiendan que entre las cosas  que ellos llaman basura hay muchas cosas que evitan que nuevas materias primas sean extraídas de la naturaleza. Para esto recogemos y damos destino correcto a este tipo de materiales.
¿Quién nos ayuda en esta noble misión? ¡El viejo Vocho 73! Él lleva a los depósitos hasta … ¡600 kilos de materiales!
Acá dicen que este modelo de coches es VALIENTE, que enfrenta cualquier cosa, que es como el corazón de una madre (pues siempre tiene espacio para algo o alguien más)…mira cuantas cosas tengo que aprender.
Espero que mi VALIENTE continúe conmigo por muchos años, y que cuando yo haga otros caminos, sea un legado y un aprendizaje para mis hijos 
¿Tiene precio? ¿Lo vendo? ¡Nunca! él hace parte de mi historia.

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