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Mis guitarras

07/06/2020

Mis guitarras

Voy a contar la historia de tres guitarras de mi vida.
La primera, me la compró mi madre cuando tenía unos doce años. Era una guitarra de estudio, española, lo que le daba un carácter todo especial al instrumento. Vino junto con un manual con las posturas y algunas canciones tradicionales chilenas. Mi madre quería que aprendiese a tocar cuecas, tonadas, música típica chilena; la cual, en aquella época, era un arma ideológica para detener algunos ímpetus revolucionarios, al final, nací en dictadura y en un hogar pinochetista.

Así fui practicando y tocando los primeros acordes y andando con mi guitara para arriba y para abajo, llevándola al colegio, tocando en los recreos. Fue así como me aproximé a mi amigo Iván Jara (mientras escribo este texto me doy cuenta por la primera vez en mi vida, después de 44 años que el apellido de él es el mismo que el de Víctor, quien es un famoso cantautor chileno que murió por causa de su música durante el régimen militar). Este amigo me presentó una ventana abierta al mundo: La trova cubana, la cual en aquellos días era totalmente proscrita y entraba a Chile en cintas de audio que eran colocadas al lado contrario, para que si fuesen descubiertas al pasar las fronteras, no pudiese ser descubierto su contenido.
Así, aprendí a tocar a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés; después vino la música argentina con Víctor Heredia, Mercedes Sosa, Piero y tantos otros. Después fue apareciendo el canto nuevo chileno con Eduardo Gatti, Santiago del nuevo extremo y tantos otros…todo fue cambiando.
Nunca llegué a ser un gran guitarrista, pero mi guitarra me abrió a un universo de ideas sin fin.
Esta guitarra me la robaron en el colegio. Fue un gran dolor.
Durante más de 20 años pasé mi vida con guitarras prestadas. Siempre pude tocar y practicar.
El año pasado, en medio de una clase para adultos mayores, a los cuales les encantaba cantar, les dije que si alguien supiese de una guitarra usada, barata, que alguien estuviese vendiendo, que me dijeran pues quería tener la segunda guitarra de mi vida.
Al día siguiente, al llegar a mi casa por la noche después de un arduo día de clases, mi esposa me esperaba muy emocionada, pues un alumno, Don Gilberto, un hombre al que admiro mucho por su intelecto, por sus conversaciones y simpatía; había ido hasta  mi hogar a llevarme su guitarra, la cual lo había acompañado desde años y la que ya no usaba, pues la edad ya no se lo permitía. Después, personalmente el me diría: “Si la vuelves a tocar recobrará el buen sonido, está un poco abandonada”
Mi tercera guitarra llegó hace algunas semanas. Nos llamaron, a mi esposa y a mí, a buscar unos libros viejos, electrodomésticos y otras cosas que debían ser recicladas. Llegamos a una casa hermosa, con unos jardines preciosos y una señora muy amable nos empezó a contar las historias de todo aquello, era doña Margarete. Entre las cosas había libros de sociología, ciencias sociales, filosofía; los cuales obviamente pasaron a hacer parte de nuestra biblioteca. De repente apareció una guitarra con el brazo quebrado y mi corazón se aceleró. Yo, con mis pocas habilidades manuales, la iba a restaurar, y así lo hice. Actualmente faltan los últimos detalles pero estoy feliz pues le prolongué la historia y alegrará aun muchas reuniones y asados.
¿Qué hay por detrás de este relato? ¿Dónde está la relevancia? Cabe a usted, fraternal lector, descubrirlo pues lo esencial continúa siendo invisible a los ojos.

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