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La sostenibilidad es cuestión de miradas

08/09/2020

La sostenibilidad es cuestión de miradas

Si vivimos en un mundo con recursos finitos y, lógicamente debemos ser conscientes de esto, vivir de forma sostenible es un imperativo categórico.
La economía sostenible me parece sólo una parte (importante) de un sistema mucho más grande que debe tener como punto de partida relaciones sostenibles, con lo que no me refiero sólo a las relaciones entre humanos y sí  a las que se establecen entre todos los componentes que hacen parte de este complejo sistema, incluso la propia Gaia.

Vale la pena recordar que las palabras economía y ecología tienen un origen común, que es la palabra griega OIKOS, que nos remite al concepto de casa, pero no solamente a pensar en el lugar físico y sí a considerar las redes complejas de relaciones que se establecen a partir del lugar en el que se vive.
Economía se refiere a la administración de este lugar común y ecología se refiere al conocimiento del mismo. Obviamente, no se puede administrar lo que no se conoce, por lo tanto, la lógica instaura la precedencia de uno de estos campos de conocimiento.
La sostenibilidad está muy relacionada con la economía y con la ecología; si la primera  palabra no empieza a permear nuestras acciones y pensamientos, con seguridad nos aproximamos a un colapso a pasos rápidos, puesto que todo sistema tiene sus límites.
¿Por qué me parece que la sostenibilidad es una cosa de miradas? Porque la respuesta está en para dónde debemos enfocar los ojos. No podemos pretender que este concepto sea algo del futuro, algo a ser inventado, una mirada sólo hacia adelante. Las prácticas sostenibles tienen como base el respeto y la convivencia, el reconocimiento de que el hombre depende de algo mucho más grande que es su medio, la naturaleza, su hábitat. Nuestros ancestros tenían esto muy claro. La sostenibilidad está en tratar de aprender cómo se hacían las cosas antiguamente,   donde las prácticas no eran guiadas, generalmente, por un conocimiento científico ¿ Qué las guiaba, entonces?
No me refiero solamente a cómo hacían y hacen las cosas los indígenas, los cuales poseen una sabiduría inmensa en relación a la convivencia harmoniosa con su entorno, no necesitamos mirar tan lejos. Orientemos nuestros ojos a cómo vivían nuestros abuelos o tatarabuelos, los cuales, en algunos casos, habitaban regiones rurales, vivían en el campo, producían sus alimentos, consumían menos, producían menos desperdicios, no estaban tan conectados con el mundo pero estaban más conectados entre los más próximos, no contaminaban tanto y así por delante.
Me parece increíble, por ejemplo, la tendencia actual en dirección a las bioconstrucciones, o sea, no hacemos otra cosa sino entender que debemos mirar hacia el pasado y descubrir que el barro, la madera y otros materiales poseen características de aislamiento térmico, por citar algo, de bajo costo y alta eficiencia.
Es fantástico como en muchos lugares del mundo están apareciendo cada vez más las huertas comunitarias y los incentivos a la agricultura familiar ¿No era así antiguamente?
Muchas personas adhieren a las prácticas de medicina alternativa; me recuerdo cuando niño cuantos refriados, dolores  de estomago y fiebres los sané sin una aspirina siquiera, simplemente con las agüitas de hierba, lo que era un saber que había pasado de generación en genración, conocimiento el cual hace parte hoy de  investigaciones en universidades de todo el mundo.
Siempre escucho a los más antiguos hablar de cómo era en la época de ellos, de cómo se establecían las relaciones familiares, que ni siempre eran correctas a nuestros ojos, pero dónde parecía que las cosas estaban más en su debido lugar.
No voy a encerrar este texto con una conclusión y sí a dejarlo abierto a las opiniones y comentarios de los lectores, recordando que el dialéctico contradictoria hace parte de la construcción de una sociedad sostenible en el que pensar distinto no te hace ni menos válido y ni mucho menos mi enemigo.

Mi amigo Pedro ¿Por qué Español?