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Clases de conversación

Mi amigo Pedro

08/29/2020

Mi amigo Pedro

El sábado 8 de agosto supe que un gran amigo ya no está más físicamente entre nosotros, es una persona muy especial, su nombre es Pedro Casaldáliga, el era el obispo de una región en Brasil llamada São Felix do Araguaia, en el estado de Mato Grosso.
Este amigo es realmente especial: nunca lo vi personalmente, nunca lo abracé, nunca hablé con él ni por teléfono; sin embargo ocupa un lugar muy especial en mi corazón, es como aquellas luces que van marcando claramente el camino.

Me encantaba oír los relatos de mis amigos que convivían con él, que hablaban de cómo él era, de sus actitudes, de su fuerza, de su valentía. Sabía que muchas de ellas ya estaban rodeadas con el aurea del mito que este sacerdote  había ganado. Pero hay cosas que no son propias del imaginario y que me hacen reflexionar y creer que es posible ser diferente: Pedro era un obispo diferente y que generaba sorpresa para algunos, indignación en otros y la admiración de muchos.
No es importante si el era sacerdote o no, si el era obispo o no, si el era católico o no. No quiero hablar de cuestiones religiosas, lo que deseo compartir son los aspectos de un ser humano excepcional que practicó una de las cosas más difíciles, desde mi punto de vista: la coherencia: Hacer lo que se dice y decir lo que se hace.
Pedro no usaba la mitra ( aquel sombrerito alto que los obispos usan en la misa), el lo cambió por un sombrero de paja; No usaba el báculo propio de su cargo y sí un remo de pescador o un bastón hecho por los indígenas y no usaba anillo de oro y sí el “ anel de tucum” que es un anillo hecho de madera negra, el cual se transformó en un símbolo de compromiso por la lucha a favor de los excluidos, los indios, los sin tierra, todos los marginados de una u otra forma.
Pedro es español, un misionero claretiano, llegó muy joven a Brasil para fundar la misión en São Felix, ubicada en las márgenes del río Araguaia. Es una región de indios, de latifundio, de grandes haciendas donde hasta hoy existe trabajo esclavo y ocupación ilegal de tierras. Para todos estos conflictos Pedro nunca dejó de levantar su voz, poniendo en riesgo la propia vida.
Pedro vio de cerca la muerte en 1976, cuando junto con otros religiosos fue hasta la comisaría de policía para tratar de devolver la libertad a un grupo de personas que estaban siendo torturadas. Uno de los que estaba con Casaldáliga, João Bosco Burnier, fue asesinado con una bala en la nuca.
Lógicamente que Pedro fue acusado de comunista, de izquierdista, de revolucionario. Siempre tuvo una relación tensa con las altas jerarquías de la iglesia católica y varias veces trataron de expulsarlo del país durante la dictadura militar; sin embargo, nada de esto lo hizo quedarse en silencio, su voz siempre se levantaba y junto con ella, la voz de los que no tienen voz, la voz de los invisibles, de las víctimas del sistema.

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